


Asturias es rica en testimonios de la última fase del Paleolítico,
entre el 35.000 y el 9.000 a. de C., siendo las pinturas y grabados
que podemos observar en las paredes de algunas cavernas, huellas inequívocas
de la existencia de grupos de cazadores y recolectores del Paleolítico
Superior. Buena muestra de este tipo de arte parietal en nuestra región,
que en alguno de los casos nos equipara a los grandes centros de arte
rupestre paleolítico de Europa, son las cuevas de Tito Bustillo
(Ribadesella), El Buxu (Cangas de Onís), La Peña (Candamo),
El Pindal (Ribadedeva), La Loja (Peñamellera Baja)...
Estos restos arqueológicos son un ejemplo de la actividad de
las diferentes comunidades prehistóricas, que lentamente se
fueron convirtiendo en sociedades cada vez más sedentarias,
fruto de su evolución y adaptación al medio que les
rodeaba.